Soy Adriana, y me siento honrada de liderar este hermoso espacio de acompañamiento femenino que es Matricaria.
Creo que es urgente que las mujeres nos encontremos entre nosotras y nos reconectemos con la esencia de quienes somos.
En este mundo fragmentado, nos toca empezar el movimiento de ligar lo que está roto.
Pero no siempre lo tuve así de claro.
Comencé mi trayectoria siendo académica, maravillada por el conocimiento, por la limpieza aparente de su racionalidad. Estaba convencida de que tenía mi lugar seguro en el “saber”, y que esa era la montaña que quería escalar.
Vivía solo para trabajar y para esa racionalidad. Si el resto de mi vida era un desastre (que lo era)… eso no era “lo importante”. La intelectualidad era mi refugio. Mi cabeza era mi único cuerpo.
Pero las consecuencias de esta ceguera mía (aprendida) no se hicieron esperar.
En 2004 la vida me quitó de un golpe el velo.
Fue imposible no ver la fantasía en la que había estado viviendo durante esos primeros 30 años.
Esa centralidad en el hacer, esa energía masculina que acalla a lo femenino desde hace milenios, me estaba destrozando.
Yo viví en mi propia piel el corte, la ruptura y la desconexión que todas sentimos: la tensión entre nuestra razón y el grito de nuestro corazón; entre lo que nos dicen que “debemos hacer” y lo que realmente deseamos, lo que estamos llamadas a SER como mujeres.
Ante la destrucción de todo, la sensación interna fue que estaba TODO roto. No tenía norte.
En ese momento de tremenda oscuridad, una voz en mis entrañas me dictó “es por acá”.
Mi intuición, la siempre acallada.
Encontré la Gestalt y encontré MI TEXTO, “Mujeres que corren con los lobos”, de Clarissa Pinkola Estés.
Y poco a poco, muy despacio, comencé a recuperar mi piel.
Desde entonces, mi compromiso con el proceso de sanación personal es el motor que me impulsa a explorar y aprender constantemente.
Por eso soy consteladora familiar, facilitadora gestáltica, guardiana de la rueda medicina, amante de la astrología…
Amo todo lenguaje artístico y simbólico que arme puentes de contacto íntimo con la potencia de quien soy.
También soy madre, y es el rol que me conecta con lo que me trasciende, con mi legado en el mundo. Es el más desafiante y extraordinario de todos.
Desde este y todos mis roles, dedico mi vida a promover el bienestar femenino, infantil y familiar.
Matricaria es mi gran sueño hecho realidad.
Mi gran sueño todavía en pañales, porque mi visión tiene un ancho horizonte: círculos de mujeres, viajes, retiros… y todas las puertas misteriosas que solo el vivir me irá poniendo delante.
Quiero que MATRICARIA tenga siempre la misma impronta: que te brinde un ambiente seguro y compasivo donde puedas entregarte al autodescubrimiento y la sanación.
Que su voz te abrace en el misterio de la poesía, en la vitalidad de la naturaleza, en la fluidez del movimiento, en la armonía del silencio interior…
Que de su mano descubras tu centro, y que hagas de ese centro tu fortaleza inexpugnable…